Hace cosa de un par de semanas, mientras me dirigía yo alegremente a currar, en la madrileña calle de la Gran Vía, me detuvo un policía municipal. Me hallaba yo en un semáforo y con señas me indicó que me parara detrás de donde estaba aparcada su furgoneta. "Un control rutinario", me dijo. Así pues, aparqué detrás de su vehículo, que estaba estacionado en el carril Bus, y me dispuse a darle los papeles. El compañero me solicitó que abriera la puerta del copiloto, cosa que hice, y me sorprendió que vigilara cada uno de mis movimientos enfocándome con una linterna. ¿Tanta pinta de sospechoso tengo? El caso es que en el caos que domina la guantera de mi coche (bueno, y el resto del mismo) me costó encontrar los papeles, por lo que tardé un cierto tiempo en facilitárselos, aparte de que en la carpeta donde vienen, había un desorden mayor aún. Finalmente conseguí dar con ellos y hacérselos llegar al agente que esperaba pacientemente mientras mi nerviosismo iba creciendo.
Tras entregarle todo lo que había solicitado y haberlo revisado, me dijo que el vehículo (al que cariñosamente llamo Jarno, en homenaje a mi piloto de Fórmula 1 preferido) tenía que haber pasado la itv en julio y que me iba a dar una comunicación al respecto para mi empresa. Se quedó, además, con la copia que tenía yo del permiso de circulación de Jarno y me indicó que, si en dos semanas no le pasaba la itv y presentaba la documentación pertinente en Tráfico, lo darían de baja.
Así pues, tras investigar en la oficina los centros concertados con mi empresa para pasar la itv, me fui con Jarno a Las Rozas, para terminar con el asunto cuanto antes. Pero aquí vino el primer revés a mis intenciones, cuando la señorita de la ventanilla donde debía presentar los papeles me indicó que necesitaba el original de la tarjeta técnica del vehículo. Algo que tiene que facilitarme Lease Plan (la empresa propietaria del vehículo) para poder realizar esta sencilla operación. Es decir, que a mi extremada tranquilidad a la hora de inspeccionar técnicamente el vehículo, había que añadir la dejadez de esta empresa, puesto que también podían andar un poco más avispados con este tema, habida cuenta de que el coche es suyo al fin y al cabo. Tras hablar con ellos, me indicaron que harán llegar la documentación a la sede central de la empresa para la que trabajo, a pesar de que me ofrecí varias veces a ir a recogerla donde me dijeran con el propósito de agilizar el proceso. Así que me tocaba esperar.
... Y esperar. Y esperar. Los días pasaban, y no había noticias de Lease Plan y mucho menos de los papeles. A diario le dábamos la brasa telefónicamente entre mi jefe y yo al responsable del tema de los coches de la empresa, que está en la sede central, y al que finalmente conseguimos exasperar, mientras nos decía que nos nos preocupáramos. Vale, no nos íbamos a preocupar. Pero los días pasaban y pasaban. El fin de semana quedó atrás, y bien atrás. Ya dábamos por perdido a Jarno mientras desde la central nos repetían que no nos preocupáramos. Hasta que el viernes 22 me llamaron para decirme que por fin estaban los papeles (diez días habían tardado en llegar, y eso que lo mandaban por correo certificado) en la sede central, que si lo mandaban a mi oficina o me pasaba yo a recogerlos. Viendo la prisa que se habían dado para enviarlos, decidí pasarme personalmente por ellos y terminar con el asunto de una vez por todas. Me fui con mi inseparable Jarno a la sede central, pero cuando llegué allí me tocó...
Esperar. Y esperar. El hombrecillo de los coches se había ido a desayunar. ¡¡Pero si son las once y media de la mañana!! Esperar y esperar. Media hora después apareció, me miró escrutándome (en ese momento debió pensar "¿Este es el pesao que no ha dejado de llamarme durante esta semana? Ahora no me metes prisa, ¿eh, jodío?"), me dio los papeles y salí corriendo como el Correcaminos, dejando una estela de humo en mi huida y un agujero en la puerta con forma de "Tu ídolo".
En esta ocasión sí que salió todo como era deseable, en unos pocos minutos terminé, me pasé por Tráfico, recuperé los papeles de Jarno, que estaba ufano el pobre, y me encaminé a la oficina para degustar la paella que estaban haciendo para celebrar la llegada de la Navidad.
25.12.06
8.12.06
Encargo musical
Hará cosa de un mes, nuestro amigo anteriormente conocido como Mikel de Tellagorri, actualmente como Juan Haldudo, realizó un interesante post en el que, con ayuda de letras de diversas bandas musicales, respondía una serie de preguntas de un mini-cuestionario. La idea me pareció tan interesante que, a pesar de que no me hizo el encargo, lo he adoptado como si así fuera. Y si bien él utilizó canciones de varios grupos y/o cantantes, yo he querido hacer una especie de homenaje a la mejor banda, bajo mi modesta opinión, que ha habido en este país: Los Enemigos, y a su cantante Josele Santiago.
1. ¿Eres hombre o mujer?: Soy un tío pausao, calmo, lo seré mientras pueda. Discreto, avisao, trato de guardar las maneras (Farol – Josele Santiago)
2. Descríbete: Ya no es tiempo de escoger, lo debería usted saber: SOY EL REY (Yo, el rey – Los enemigos)
3. ¿Qué sienten las personas acerca de ti?: Te han llamado cobarde y te has dicho: Vale ya de pelear en balde, de no dar y siempre encajar (El ring - Los enemigos).
4. ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?: Me enamoré de mí mismo pero luego me engañé poniéndome los cuernos con una mala mujer (Soy un ser humano – Los enemigos).
5. Describe tu actual relación con tu novia: Sé que hoy no voy a tenerte, sé que hoy no vas a tenerme a mí (Ná de ná – Los enemigos).
6. ¿Dónde quisieras estar ahora?: Bienvenido, chico, a Wonderland. Aquí hacemos los sueños realidad, el tuyo nos podría interesar (Wonderland Records – Los enemigos).
7. ¿Cómo eres respecto al amor?: Hoy soy más cabal, soy todo un hombre. Busco mujer a la hora de comer (Un tío cabal – Los enemigos).
8. ¿Cómo es tu vida?: Nadie me quiere ni se preocupa por mí. No me importa, bailo rock and roll (Nadie me quiere – Los enemigos).
9. ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo?: Sal conmigo afuera y sé feliz (Sangre, sudor y chicles de fresa – Los enemigos)
10. Escribe una cita o frase sabia: A mí me gusta dormir hasta el mediodía y aullar a la luna y a las estrellas (Mejor – Los enemigos)
11. Ahora despídete: Te vas y me dejas y me dices adiós con las orejas y yo… me voy y te dejo, ya no estás a mi lao con el entrecejo arrugao (¡Con Dios! – Los enemigos)
Ahora se supone que tendría que indicar nuevas víctimas para que sigan el jueguecito en cuestión, pero solamente invitaré a que lo hagan a todas aquellas personas a las que les apetezca.
1. ¿Eres hombre o mujer?: Soy un tío pausao, calmo, lo seré mientras pueda. Discreto, avisao, trato de guardar las maneras (Farol – Josele Santiago)
2. Descríbete: Ya no es tiempo de escoger, lo debería usted saber: SOY EL REY (Yo, el rey – Los enemigos)
3. ¿Qué sienten las personas acerca de ti?: Te han llamado cobarde y te has dicho: Vale ya de pelear en balde, de no dar y siempre encajar (El ring - Los enemigos).
4. ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?: Me enamoré de mí mismo pero luego me engañé poniéndome los cuernos con una mala mujer (Soy un ser humano – Los enemigos).
5. Describe tu actual relación con tu novia: Sé que hoy no voy a tenerte, sé que hoy no vas a tenerme a mí (Ná de ná – Los enemigos).
6. ¿Dónde quisieras estar ahora?: Bienvenido, chico, a Wonderland. Aquí hacemos los sueños realidad, el tuyo nos podría interesar (Wonderland Records – Los enemigos).
7. ¿Cómo eres respecto al amor?: Hoy soy más cabal, soy todo un hombre. Busco mujer a la hora de comer (Un tío cabal – Los enemigos).
8. ¿Cómo es tu vida?: Nadie me quiere ni se preocupa por mí. No me importa, bailo rock and roll (Nadie me quiere – Los enemigos).
9. ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo?: Sal conmigo afuera y sé feliz (Sangre, sudor y chicles de fresa – Los enemigos)
10. Escribe una cita o frase sabia: A mí me gusta dormir hasta el mediodía y aullar a la luna y a las estrellas (Mejor – Los enemigos)
11. Ahora despídete: Te vas y me dejas y me dices adiós con las orejas y yo… me voy y te dejo, ya no estás a mi lao con el entrecejo arrugao (¡Con Dios! – Los enemigos)
Ahora se supone que tendría que indicar nuevas víctimas para que sigan el jueguecito en cuestión, pero solamente invitaré a que lo hagan a todas aquellas personas a las que les apetezca.
6.12.06
Un viaje peculiar
La semana pasada estuve de vacaciones en Barcelona, donde acudí para ver a esa gran banda que es Iron Maiden en directo. El concierto en sí estuvo muy bien, pero no es de ese acontecimiento de lo que voy a hablar aquí. Ni de la estancia en la Ciudad Condal, ni de mis hermanos, ni de mis cuñados, ni de los catalanes, ni de....
El día que tenía que volver, fuimos a comer a un restaurante indio situado en la calle Pujades (que no sé por qué, pero se lee "puyadas"), con mis hermanos, cuñados y un amigo de mi hermano. Fue una experiencia distinta, aunque mejor de lo que pudiera haber pensado en un principio. Incluso mi hermana, tan especial como es para el tema de las comidas, dio buena cuenta de algunos de los alimentos con que nos deleitaron. El plan era ir de allí a casa de mi hermano a por mi maleta y mi play, y zumbar para el aeropuerto. En principio, desde el Poblenou hasta el aeropuerto, el trayecto dura unos veinte minutos en condiciones normales. Así que salimos a las cuatro y media, con media hora de margen. Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando nos encontramos con un atasco monumental en la ronda, que no sé si es la ronda de Dalt, la ronda litoral o cuál. Total, que el bueno de mi cuñado, que empezó a ponerse más nervioso que yo mismo, que era el que tenía que viajar, empezó a buscar alternativas por la ciudad. No sé por dónde fuimos, dado que no me conozco la ciudad, pero sí pasamos por Montjuic. Yo miraba continua y compulsivamente el reloj, rezando para llegar al aeropuerto antes de las 17.10, que era la hora límite que ponía en la tarjeta de embarque para facturar la maleta. Pero los minutos pasaban inexorablemente y sin compasión, y finalmente, a pesar de la conducción un tanto temeraria que ejerció el Barbas, llegamos a las 17.25, la hora de embarque. Mis temores se hicieron realidad, cuando la señorita de la mesa me dijo que era imposible facturar la maleta ya, porque se habían cerrado las puertas y no llegaría. Como esa era una situación que ya había previsto mentalmente, le dejé mi maleta a mi hermana, con la misión de que me la hicieran llegar en Navidad y salí corriendo para la puerta de embarque, no fuera que encima perdiera el vuelo.
Al llegar al puesto de la guardia civil en el que detectan si uno lleva algo sospechoso, como puede ser una botella de agua, me indicaron que tenía que sacar la play de la bolsa que llevaba como equipaje de mano, y pasarlo por el detector. Entre las prisas y los nervios, tardé más de lo deseado, aparte de que me dejé en algún lugar la tarjeta de embarque, con lo que mis nervios crecieron en progresión geométrica. De repente pude oir cómo un guardia de los que estaban por ahí de cháchara decía en voz alta mi nombre. "Horror, ya la he liado". No, hombre, tenía en su poder la tarjeta de embarque y se disponía a devolvérmela.
Así pues, pasé el control en más tiempo del deseado y/o deseable, y me acerqué a las pantallas para ver por qué puerta exactamente debía introducirme en el avión. La B12, como la vitamina. Y al lado.... el temido cartelito de Última llamada. Horror. Así pues, me puse a correr como alma que lleva el diablo rumbo a la B12, que todo hay que decirlo, debía estar en la otra punta del aeropuerto. Finalmente llegué, con la lengua fuera, y la chica de la puerta me indicó que habían cambiado de aparato y que ya no valía el asiento que tenía reservado, sino que debía sentarme "donde pillara". Estupendo. Tras buscar un asiento, finalmente me tocó entre dos hombres de corpulencia desarrollada.
Cuando llevaba un rato sentado, y esperando a que saliéramos de una vez, la comandante (que era mujer), se dirigió a nosotros: "Señoras y señores, como pueden ver tenemos todo preparado para salir, pero ha habido dos personas que han facturado el equipaje y no han aparecido, por lo que deberemos proceder a buscar su equipaje para dejarlo.... Bueno, parece ser que esas dos personas ya han aparecido, así que nos podemos marchar ya". Las dos personas en cuestión entraron, llevándose la ovación de todo el mundo, en una de las situaciones más embarazosas que le pueden a uno suceder.
Así pues, finalmente despegamos, y tras una hora de viaje, aterrizamos en la temida terminal T4, en la que por cierto, coincidí con la plantilla del Athletic de Bilbao, que acudían a Madrid para disputar un encuentro contra el Madrid. Y con el pensamiento de que todo era como una película y que, pase lo que pase, pese a las complicaciones que nos meten los guionistas, siempre hay un final feliz.
El día que tenía que volver, fuimos a comer a un restaurante indio situado en la calle Pujades (que no sé por qué, pero se lee "puyadas"), con mis hermanos, cuñados y un amigo de mi hermano. Fue una experiencia distinta, aunque mejor de lo que pudiera haber pensado en un principio. Incluso mi hermana, tan especial como es para el tema de las comidas, dio buena cuenta de algunos de los alimentos con que nos deleitaron. El plan era ir de allí a casa de mi hermano a por mi maleta y mi play, y zumbar para el aeropuerto. En principio, desde el Poblenou hasta el aeropuerto, el trayecto dura unos veinte minutos en condiciones normales. Así que salimos a las cuatro y media, con media hora de margen. Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando nos encontramos con un atasco monumental en la ronda, que no sé si es la ronda de Dalt, la ronda litoral o cuál. Total, que el bueno de mi cuñado, que empezó a ponerse más nervioso que yo mismo, que era el que tenía que viajar, empezó a buscar alternativas por la ciudad. No sé por dónde fuimos, dado que no me conozco la ciudad, pero sí pasamos por Montjuic. Yo miraba continua y compulsivamente el reloj, rezando para llegar al aeropuerto antes de las 17.10, que era la hora límite que ponía en la tarjeta de embarque para facturar la maleta. Pero los minutos pasaban inexorablemente y sin compasión, y finalmente, a pesar de la conducción un tanto temeraria que ejerció el Barbas, llegamos a las 17.25, la hora de embarque. Mis temores se hicieron realidad, cuando la señorita de la mesa me dijo que era imposible facturar la maleta ya, porque se habían cerrado las puertas y no llegaría. Como esa era una situación que ya había previsto mentalmente, le dejé mi maleta a mi hermana, con la misión de que me la hicieran llegar en Navidad y salí corriendo para la puerta de embarque, no fuera que encima perdiera el vuelo.
Al llegar al puesto de la guardia civil en el que detectan si uno lleva algo sospechoso, como puede ser una botella de agua, me indicaron que tenía que sacar la play de la bolsa que llevaba como equipaje de mano, y pasarlo por el detector. Entre las prisas y los nervios, tardé más de lo deseado, aparte de que me dejé en algún lugar la tarjeta de embarque, con lo que mis nervios crecieron en progresión geométrica. De repente pude oir cómo un guardia de los que estaban por ahí de cháchara decía en voz alta mi nombre. "Horror, ya la he liado". No, hombre, tenía en su poder la tarjeta de embarque y se disponía a devolvérmela.
Así pues, pasé el control en más tiempo del deseado y/o deseable, y me acerqué a las pantallas para ver por qué puerta exactamente debía introducirme en el avión. La B12, como la vitamina. Y al lado.... el temido cartelito de Última llamada. Horror. Así pues, me puse a correr como alma que lleva el diablo rumbo a la B12, que todo hay que decirlo, debía estar en la otra punta del aeropuerto. Finalmente llegué, con la lengua fuera, y la chica de la puerta me indicó que habían cambiado de aparato y que ya no valía el asiento que tenía reservado, sino que debía sentarme "donde pillara". Estupendo. Tras buscar un asiento, finalmente me tocó entre dos hombres de corpulencia desarrollada.
Cuando llevaba un rato sentado, y esperando a que saliéramos de una vez, la comandante (que era mujer), se dirigió a nosotros: "Señoras y señores, como pueden ver tenemos todo preparado para salir, pero ha habido dos personas que han facturado el equipaje y no han aparecido, por lo que deberemos proceder a buscar su equipaje para dejarlo.... Bueno, parece ser que esas dos personas ya han aparecido, así que nos podemos marchar ya". Las dos personas en cuestión entraron, llevándose la ovación de todo el mundo, en una de las situaciones más embarazosas que le pueden a uno suceder.
Así pues, finalmente despegamos, y tras una hora de viaje, aterrizamos en la temida terminal T4, en la que por cierto, coincidí con la plantilla del Athletic de Bilbao, que acudían a Madrid para disputar un encuentro contra el Madrid. Y con el pensamiento de que todo era como una película y que, pase lo que pase, pese a las complicaciones que nos meten los guionistas, siempre hay un final feliz.
19.11.06
Adivina adivinanza
Ayer iba caminando por una céntrica calle madrileña y me detuve ante un escaparate. Repasando con la vista todo lo que allí se vendía, mis ojos se fijaron en un cartelito en el que se hacía saber a algún posible interesado que en esa tienda se podía trabajar.

La imagen la capté con el móvil, por lo que posiblemente no tenga la nitidez necesaria y deseada. No obstante, por si existen dudas, pongo a continuación lo que podía leerse en el mencionado cartelito.
"Se necesita personal. Varón, menor de 21 años."
Y llega la pregunta: ¿De qué era la tienda?

La imagen la capté con el móvil, por lo que posiblemente no tenga la nitidez necesaria y deseada. No obstante, por si existen dudas, pongo a continuación lo que podía leerse en el mencionado cartelito.
"Se necesita personal. Varón, menor de 21 años."
Y llega la pregunta: ¿De qué era la tienda?
14.11.06
Personajes del curro: Benito
Benito es uno de los trabajadores más antiguos de la empresa. De hecho, tal es su antigüedad, que su número de técnico es el 3, y actualmente a los que entran les asignan cifras superiores a 3000. Se puede decir que estaba él antes que las puertas de la oficina. Como todos los de su grupo (el de Banca), es un poco autista, puesto que los componentes de dicho grupo, parece que sólo hablan entre ellos, sin relacionarse lo más mínimo con los compañeros que estamos por la oficina. Pero si Benito es famoso por algo en la oficina es por las reparaciones que hace. De él se dice que con un chicle y un destornillador es capaz de arreglar un cajero automático. Aunque nunca he tenido la oportunidad de comprobarlo, ya que como no habla con el resto de compañeros, nunca se lo he podido preguntar.
Pero últimamente a Benito le ha caído una losa. Hace tiempo le dieron el teléfono que antes le pertenecía al que ahora es mi jefe. Por lo tanto, en los primeros días, mucha gente le llamaba preguntando por Raúl. Hasta que llegó el asunto a nuestros oídos. Desde entonces raro es el viernes en el que no le llamamos preguntando por Raúl, poniendo el manos libres del teléfono para escuchar su reacción. Como aquel día en el que le llamó Javi, el del almacén, preguntando por Raúl ("no soy Raúl, soy Benito"), y diciéndole a ver si le podía él ayudar, que estaba tirado en una gasolinera y no sabía qué hacer. Mantuvo la conversación durante cinco minutos en los que hizo un tremendo alarde de improvisación, mientras el otro intentaba darle todo el rato el teléfono de la oficina para quitarse el marrón de encima. Finalmente, Javi accedió a que le diera el número en cuestión que, dicho sea de paso, termina en cinco. Cuando terminó de decirlo, todos los que estábamos presentes escuchando la conversación irrumpimos con un sonoro "por el culo te la hinco, Benito".
O ese otro día en el que le llamó Jose, el antiguo Número 2, haciéndose pasar por un técnico de Valladolid, que esquivó los insultos iniciales de Benito al preguntar por Raúl, sospechando que se trataba de una broma, diciéndole "perdona, Benito, pero no te conozco de nada como para que me insultes así". También se extendió la conversación durante varios minutos y también terminó con el consiguiente "por el culo te la hinco, Benito".
Pero lo más gracioso viene cuando Benito llega a la oficina, y pasa por delante del puesto de Raúl. Con cara de cachondeo y tono de broma, le dice: "¿Qué pasa, Benito? ¿Algún recado?".
Pero últimamente a Benito le ha caído una losa. Hace tiempo le dieron el teléfono que antes le pertenecía al que ahora es mi jefe. Por lo tanto, en los primeros días, mucha gente le llamaba preguntando por Raúl. Hasta que llegó el asunto a nuestros oídos. Desde entonces raro es el viernes en el que no le llamamos preguntando por Raúl, poniendo el manos libres del teléfono para escuchar su reacción. Como aquel día en el que le llamó Javi, el del almacén, preguntando por Raúl ("no soy Raúl, soy Benito"), y diciéndole a ver si le podía él ayudar, que estaba tirado en una gasolinera y no sabía qué hacer. Mantuvo la conversación durante cinco minutos en los que hizo un tremendo alarde de improvisación, mientras el otro intentaba darle todo el rato el teléfono de la oficina para quitarse el marrón de encima. Finalmente, Javi accedió a que le diera el número en cuestión que, dicho sea de paso, termina en cinco. Cuando terminó de decirlo, todos los que estábamos presentes escuchando la conversación irrumpimos con un sonoro "por el culo te la hinco, Benito".
O ese otro día en el que le llamó Jose, el antiguo Número 2, haciéndose pasar por un técnico de Valladolid, que esquivó los insultos iniciales de Benito al preguntar por Raúl, sospechando que se trataba de una broma, diciéndole "perdona, Benito, pero no te conozco de nada como para que me insultes así". También se extendió la conversación durante varios minutos y también terminó con el consiguiente "por el culo te la hinco, Benito".
Pero lo más gracioso viene cuando Benito llega a la oficina, y pasa por delante del puesto de Raúl. Con cara de cachondeo y tono de broma, le dice: "¿Qué pasa, Benito? ¿Algún recado?".
12.11.06
Maltrato animal
El otro día contemplé horrorizado unas imágenes en el telediario en las que un tipo apaleaba a su perro sin cortarse lo más mínimo. Dentro de lo que cabe, tuve suerte, puesto que al encontrarme en un bar, lo vi sin sonido y no pude escuchar los alaridos del animal, que por lo que tengo entendido, ponían los pelos de punta. El delito del cánido no fue otro que asustar a las gallinas del hombre, un rústico gallego llamado Juan Lado. Las imágenes fueron tomadas por el veterinario del pueblo, Federico Real. En ellas se ve cómo el tipo le asesta hasta un total de veinticuatro golpes con la correa, mientras el perro sólo se queja, sin hacer el más mínimo amago de defenderse, aparte de que estaba atado, por lo que tampoco podía escapar. No contento con eso, fue a por un palo más grueso, para seguir con su faena y seguir ajusticiando a su malvado pastor alemán. Y aún sin llegar a estar contento con eso, fue a por algo más contundente, como era un trozo de tubería con la que le dio otros veinte golpes. El perro (llamado "Rony") murió por los traumatismos de tal paliza.
Lo sorprendente del caso es que los vecinos del pueblo, Aguiño en A Coruña, apoyan abiertamente al maltratador e insultan públicamente al veterinario. Para defenderle, incluso han dicho que "quién no ha pegado alguna vez a su perro para enseñarle lo que está mal hecho". Espero que por el bien de los animales, lo de pegarles con una tubería para "enseñarles lo que está mal hecho" no sirva como ejemplo, y para eso se siga utilizando el clásico periódico, mucho menos dañino, y perfectamente educativo. Pero la cosa no dice mucho en favor de los vecinos del implicado (¿se le puede llamar asesino?), si defienden este tipo de actitudes. Claro, que si la gente luego mata a sus mujeres o ex-mujeres, ¿de qué nos extrañamos si hacen lo mismo con un "simple" perro?
Lo sorprendente del caso es que los vecinos del pueblo, Aguiño en A Coruña, apoyan abiertamente al maltratador e insultan públicamente al veterinario. Para defenderle, incluso han dicho que "quién no ha pegado alguna vez a su perro para enseñarle lo que está mal hecho". Espero que por el bien de los animales, lo de pegarles con una tubería para "enseñarles lo que está mal hecho" no sirva como ejemplo, y para eso se siga utilizando el clásico periódico, mucho menos dañino, y perfectamente educativo. Pero la cosa no dice mucho en favor de los vecinos del implicado (¿se le puede llamar asesino?), si defienden este tipo de actitudes. Claro, que si la gente luego mata a sus mujeres o ex-mujeres, ¿de qué nos extrañamos si hacen lo mismo con un "simple" perro?
Rock and roll
Hay que ver con qué gentuza se junta Carlos Tarque, o lo que es lo mismo, el cantante de M-Clan.
9.11.06
Un día duro en la oficina
Hoy, jueves 9 de noviembre de 2006, como todos los nueves de noviembre, ha sido el día de la Almudena, fiesta en Madrid capital, aunque no en el resto de la Comunidad. Esto se traduce, entre otras cosas, en que las tiendas Dia de fuera de la ciudad abrían y, por lo tanto, había que darles servicio. Para ello se ha montado una guardia, a la que me he apuntado por el sencillo motivo de que me pagaban 130 laurencios, que por sólo un día de trabajo no está mal.
Para empezar el día, tenía un aviso en la localidad de Nuevo Baztán, que está, más o menos, donde Cristo perdió el mechero o, lo que es lo mismo, muy lejos. Además, hay que llegar a la población en cuestión por carreteras secundarias, lo cual hace más complicada la labor, si uno tiene la suerte de que le toque un camión delante o un dominguero, tan abundantes éstos últimos en estos típicos días festivos.
Tras la reparación, más costosa de lo esperado, vuelvo a la oficina, donde hay cuatro gatos pringando como yo, entre ellos mi jefe. Me está esperando para ir a desayunar, pues ambos estamos con el buche vacío y no ha entrado ningún aviso por la mañana. De hecho, parece que no hay nadie en Dia para coger avisos, lo cual nos da un respiro hoy, pero quién sabe lo que nos esperará mañana. Nos vamos con Javi (el del almacén, un chaval que es bastante vacilón) y Alfonso (otro jefe de grupo, que lleva muchos años en la empresa y que tiene la particularidad de hablar igual que Jesús Bonilla). Estamos una hora en un bar de la zona, donde nos ponemos, como se dice coloquialmente, como el Tenazas. Después, de vuelta en la oficina y con el otro técnico que estaba trabajando, Alberto, echamos una partidita a un juego de ordenador de ese divertido deporte que se llama golf. Estamos así hasta que llega la hora de comer y volvemos a bajar al mismo bar de antes, donde ahora, eso sí, ingerimos mucha menos cantidad de alimentos, pues el hueco en el estómago es sensiblemente menor al de un par de horas antes. Y es en este momento cuando a Alberto se le ocurre proponer ir a montar en karts, idea a la que me apunto de inmediato, pues es algo que llevo tiempo queriendo hacer. Así pues, tras estar un rato por la tarde en la oficina "para cubrir el expediente", nos marchamos a un circuito situado en la localidad de Morata de Tajuña, donde echamos un par de carreras entre el citado Alberto, mi jefe y yo mismo, y con resultados que no merece la pena reflejar aquí. Y tras la competición, a casa a descansar, que mañana es un día normal de trabajo.
Así es como se ha desarrollado mi guardia de hoy. Entre juegos de ordenador, visitas al bar y carreras de karts. Y 130 euros que me he ganado, oiga.
Para empezar el día, tenía un aviso en la localidad de Nuevo Baztán, que está, más o menos, donde Cristo perdió el mechero o, lo que es lo mismo, muy lejos. Además, hay que llegar a la población en cuestión por carreteras secundarias, lo cual hace más complicada la labor, si uno tiene la suerte de que le toque un camión delante o un dominguero, tan abundantes éstos últimos en estos típicos días festivos.
Tras la reparación, más costosa de lo esperado, vuelvo a la oficina, donde hay cuatro gatos pringando como yo, entre ellos mi jefe. Me está esperando para ir a desayunar, pues ambos estamos con el buche vacío y no ha entrado ningún aviso por la mañana. De hecho, parece que no hay nadie en Dia para coger avisos, lo cual nos da un respiro hoy, pero quién sabe lo que nos esperará mañana. Nos vamos con Javi (el del almacén, un chaval que es bastante vacilón) y Alfonso (otro jefe de grupo, que lleva muchos años en la empresa y que tiene la particularidad de hablar igual que Jesús Bonilla). Estamos una hora en un bar de la zona, donde nos ponemos, como se dice coloquialmente, como el Tenazas. Después, de vuelta en la oficina y con el otro técnico que estaba trabajando, Alberto, echamos una partidita a un juego de ordenador de ese divertido deporte que se llama golf. Estamos así hasta que llega la hora de comer y volvemos a bajar al mismo bar de antes, donde ahora, eso sí, ingerimos mucha menos cantidad de alimentos, pues el hueco en el estómago es sensiblemente menor al de un par de horas antes. Y es en este momento cuando a Alberto se le ocurre proponer ir a montar en karts, idea a la que me apunto de inmediato, pues es algo que llevo tiempo queriendo hacer. Así pues, tras estar un rato por la tarde en la oficina "para cubrir el expediente", nos marchamos a un circuito situado en la localidad de Morata de Tajuña, donde echamos un par de carreras entre el citado Alberto, mi jefe y yo mismo, y con resultados que no merece la pena reflejar aquí. Y tras la competición, a casa a descansar, que mañana es un día normal de trabajo.
Así es como se ha desarrollado mi guardia de hoy. Entre juegos de ordenador, visitas al bar y carreras de karts. Y 130 euros que me he ganado, oiga.
29.10.06
Las horteradas de mi discoteca
Quien más, quien menos, creo que todos tenemos entre nuestros discos algunos bajo llave. No porque queramos protegerlos de posibles robos, sino para evitar que alguien pueda verlos, echando por tierra una posible reputación de amante de la buena música. Hoy, a pesar de que puede caer un mito para mucha gente, voy a exponer aquí algunos de esos discos que tengo yo.
Leticia Sabater - Nosotros somos el mundo: Un día, mi querido vecino Sunder, vino a mi casa y me dijo que había estado en el Makro y que me había traído un regalo. Le dí las gracias demasiado pronto, porque cuando me hizo entrega del mismo, vi un cassette con Leticia Sabater en la portada con su inconfundible estilo pueril. El tema más representativo es el Leti Rap, un canto a la vida juvenil, en el que se dicen cosas como "¿Cómo se enrollan los tronquis? ¡¡Con Vivan los Compis!!", haciendo de paso una subliminal publicidad del programa que por aquel entonces tenía la bella presentadora.
Britney Spears - Baby one more time: Éste, lamentablemente, lo compré yo en uno de esos arrebatos que me daban en mi edad del pavo. Como anécdota, diré que el día que lo adquirí, en la extinta Madrid Rock (cómo la echo de menos), le pedí a la cajera que le quitara el precio para disimular, como si de un regalo para alguien se tratase. Por suerte, este disco lo agradeció mi prima Elena hace poco tiempo cuando se lo obsequié de mil amores.
Enrique Iglesias - Enrique: Otro regalo, en esta ocasión, de mi hermana. Se me había ocurrido comentar que me gustaba la canción de "Bailamos" así que mi hermana lo vio en oferta y decidió que sería un buen regalo. Lo que no sé es si para vengarse por el disco que le regalé yo una vez de Army of lovers o realmente llevaba buena intención.
Jordy - Dur Dur d'être bébé!: No sé si la gente se acordará de un niño rubito francés que "sacó" un disco hace algunos años y que era un poco infumable. Algún tiempo después, en mi periplo laboral en el Häagen-Dazs, vi el cd en cuestión. Cd que me agencié cuando nos comunicaron que iban a cerrar y que nos íbamos a la calle. Aparte de llevarme varios litros de helado para casa y darle a los conocidos que venían a verme, me llevé este disco. No sé qué echarían más de menos.
Sin duda, hay algunos más, pero los casos más vergonzosos que poblan mi de por sí extensa discografía son éstos. Pero el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra.
Leticia Sabater - Nosotros somos el mundo: Un día, mi querido vecino Sunder, vino a mi casa y me dijo que había estado en el Makro y que me había traído un regalo. Le dí las gracias demasiado pronto, porque cuando me hizo entrega del mismo, vi un cassette con Leticia Sabater en la portada con su inconfundible estilo pueril. El tema más representativo es el Leti Rap, un canto a la vida juvenil, en el que se dicen cosas como "¿Cómo se enrollan los tronquis? ¡¡Con Vivan los Compis!!", haciendo de paso una subliminal publicidad del programa que por aquel entonces tenía la bella presentadora.
Britney Spears - Baby one more time: Éste, lamentablemente, lo compré yo en uno de esos arrebatos que me daban en mi edad del pavo. Como anécdota, diré que el día que lo adquirí, en la extinta Madrid Rock (cómo la echo de menos), le pedí a la cajera que le quitara el precio para disimular, como si de un regalo para alguien se tratase. Por suerte, este disco lo agradeció mi prima Elena hace poco tiempo cuando se lo obsequié de mil amores.
Enrique Iglesias - Enrique: Otro regalo, en esta ocasión, de mi hermana. Se me había ocurrido comentar que me gustaba la canción de "Bailamos" así que mi hermana lo vio en oferta y decidió que sería un buen regalo. Lo que no sé es si para vengarse por el disco que le regalé yo una vez de Army of lovers o realmente llevaba buena intención.
Jordy - Dur Dur d'être bébé!: No sé si la gente se acordará de un niño rubito francés que "sacó" un disco hace algunos años y que era un poco infumable. Algún tiempo después, en mi periplo laboral en el Häagen-Dazs, vi el cd en cuestión. Cd que me agencié cuando nos comunicaron que iban a cerrar y que nos íbamos a la calle. Aparte de llevarme varios litros de helado para casa y darle a los conocidos que venían a verme, me llevé este disco. No sé qué echarían más de menos.
Sin duda, hay algunos más, pero los casos más vergonzosos que poblan mi de por sí extensa discografía son éstos. Pero el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra.
21.10.06
Discusión

Uno de los espectáculos más comunes en nuestro país, especialmente en los bares, aunque no es exclusivo de ellos, es el de ver a dos o más personas discutiendo. Los motivos pueden ser de todo tipo: religiosos, deportivos, políticos, de tráfico, etc; y la intensidad también es variable, dependiendo de lo caldeado del ambiente y lo encontradas de las opiniones. El volumen de la conversación suele ir en aumento, pues se intenta por todos los medios que el interlocutor o los intelocutores en cuestión escuchen claramente lo que uno tiene que decir, aunque en muchos casos sería mejor que nos ahorrasen ese trago. Pero un buen discutidor siempre tendrá salida para las posibles encerronas dialécticas a las que pueda ser sometido, unas con más sentido que otras, pero todas ellas válidas a la hora de perpetuar la conversación y no dar su brazo a torcer. Las discusiones pueden derivar en trifulcas o en un diplomático aquí paz y después gloria, aunque no sé a ciencia cierta quiénes son ni Paz ni Gloria.
Pero si se piensa bien el tema, ¿realmente sirve de algo discutir con alguien? Por discusiones de todo tipo se han perdido amistades y/o se han generado peleas, y por el contrario no conozco ningún caso de que alguien haya convencido a otra persona de que está equivocada simplemente con el don de la palabra. Sencillamente, porque una persona discutidora siempre tiene razón. Su razón. Y nada le hará bajarse del burro. Eso sí, cuando alguien se encuentra acorralado frente a otro siempre tiende a recurrir al insulto fácil y, a veces, barriobajero, pasando la discusión a un ámbito personal en el que su credibilidad estará en entredicho.
Decía Loquillo en su canción Feo, fuerte y formal: "¿Para qué discutir si puedes pelear?".
12.10.06
Golf
Si existe un deporte absurdo por antonomasia, ése es, sin duda alguna, el golf, si bien se puede partir de la base de que todos los deportes son absurdos si nos ceñimos a una definición simplista de ellos: que si veintidós tíos corriendo detrás de una pelota, que si diez tíos muy altos intentando meterla (la pelota) en una canasta…. Pero todos esos deportes cumplen los requisitos necesarios para ser considerado eso: un deporte. Cuando uno piensa en un deportista, siempre piensa en un atleta, una persona capaz de hacer grandes esfuerzos físicos, bien proporcionado, el sueño de todas las mujeres y de los gays. Y un golfista no cumple esos requisitos, al menos no es lo habitual. Porque hay golfistas famosos que poseen una barriga digna del mejor de los cerveceros de un pub inglés.
El golf es, además, un deporte insolidario. Para hacer campos de golf es posible y a veces necesario destrozar todo un pinar protegido para el disfrute de unos pocos, o llenar de agua una zona desabastecida de ese elemento con el propósito de regar los campos donde unos pocos señores tratan de meter la pelota en un agujero hecho en el suelo. Eso es como darse un atracón de angulas en la puerta de un albergue de indigentes.
Hay veces que los cargos importantes de las empresas quedan para jugar al golf, porque así pueden decir que han hecho deporte, aunque en realidad tampoco han realizado un gran esfuerzo. Pero en esas partidas, los de menor cargo siempre deben dejarse ganar por los de mayor cargo si pretenden que su futuro en la empresa no se termine de un plumazo. El golf es, por tanto, un deporte engañoso, porque no siempre gana el que mejor juega, sino que es un indicativo de poder.
El golf es, además, un deporte insolidario. Para hacer campos de golf es posible y a veces necesario destrozar todo un pinar protegido para el disfrute de unos pocos, o llenar de agua una zona desabastecida de ese elemento con el propósito de regar los campos donde unos pocos señores tratan de meter la pelota en un agujero hecho en el suelo. Eso es como darse un atracón de angulas en la puerta de un albergue de indigentes.
Hay veces que los cargos importantes de las empresas quedan para jugar al golf, porque así pueden decir que han hecho deporte, aunque en realidad tampoco han realizado un gran esfuerzo. Pero en esas partidas, los de menor cargo siempre deben dejarse ganar por los de mayor cargo si pretenden que su futuro en la empresa no se termine de un plumazo. El golf es, por tanto, un deporte engañoso, porque no siempre gana el que mejor juega, sino que es un indicativo de poder.
8.10.06
Up the irons!
El 30 de noviembre de 2006 actúa en España la banda inglesa Iron Maiden. Únicamente dan un concierto en este país, concretamente en el Palau Sant Jordi de Barcelona, pero ello no impedirá que un servidor acuda al evento, a pesar de que es jueves. Y allí estaré con mi hermano Ernesto de la Serna, y con mi amigo Diego González, cuyo escaso gusto en lo que a política se refiere contrasta con su elevado gusto musical.
Aunque he de reconocer que no siempre he sido un fan de la banda, si bien siempre he sentido, cuanto menos, simpatía por ellos. En casa, cuando era pequeño, era raro el día en que mi hermano no me hacía escucharlos. El hecho de que compartiéramos habitación daba lugar a poca intimidad, y cuando uno de los dos ponía música, al otro no le quedaba más remedio que escucharla, aunque también es cierto que siempre hemos sido bastante afines en ese aspecto, por lo que pocas guerras hubo (quizás durante mi crisis en plena edad del pavo, cuando me dio por escuchar grupos como Los fresones rebeldes o Nosoträsh, aunque por suerte para él, sus compromisos por aquel entonces le obligaban a pasar poco tiempo en casa, por lo que no lo sufría en exceso). Y como quiera que él ha sido siempre el hermano mayor, y dudo que eso pueda cambiar en los próximos años, tenía preferencia cuando queríamos compartir watios de sonido. Y los Maiden eran entonces, y son ahora, una de sus bandas predilectas. Tanto que, gracias a ellos en general y a su bajista Steve Harris en particular, se hizo seguidor del equipo inglés del West Ham, afición que también logró inculcarme (como se puede ver, yo era un chaval con ideas muy claras y que no se dejaba influenciar así como así).
Pero no fue hasta el 12 de junio de 2004 cuando el ídolo de todos y de todas ustedes, se convirtió en un fan de la banda. Ese día daban un concierto en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid. Aprovechando que mi hermano estaba una semana en dicha ciudad (por aquel entonces él iba pululando por medio mundo), me decidí a acompañarle, junto a otros amigos. Y salí completamente convertido. Así como los musulmanes deben ir al menos una vez en la vida a La Meca, todo aquel a quien le guste la música rock debería ir al menos una vez en la vida a un concierto de Iron Maiden, donde además pueden entrar personas de cualquier nacionalidad y sin necesidad de descalzarse. Unos meses después volví a verlos, y hasta ahora. Y siempre que vengan por estos lares, haré lo posible por disfrutar de sus conciertos.
A modo de aperitivo pongo a continuación el último vídeo de la banda, perteneciente a su último disco y que recomiendo encarecidamente.
Aunque he de reconocer que no siempre he sido un fan de la banda, si bien siempre he sentido, cuanto menos, simpatía por ellos. En casa, cuando era pequeño, era raro el día en que mi hermano no me hacía escucharlos. El hecho de que compartiéramos habitación daba lugar a poca intimidad, y cuando uno de los dos ponía música, al otro no le quedaba más remedio que escucharla, aunque también es cierto que siempre hemos sido bastante afines en ese aspecto, por lo que pocas guerras hubo (quizás durante mi crisis en plena edad del pavo, cuando me dio por escuchar grupos como Los fresones rebeldes o Nosoträsh, aunque por suerte para él, sus compromisos por aquel entonces le obligaban a pasar poco tiempo en casa, por lo que no lo sufría en exceso). Y como quiera que él ha sido siempre el hermano mayor, y dudo que eso pueda cambiar en los próximos años, tenía preferencia cuando queríamos compartir watios de sonido. Y los Maiden eran entonces, y son ahora, una de sus bandas predilectas. Tanto que, gracias a ellos en general y a su bajista Steve Harris en particular, se hizo seguidor del equipo inglés del West Ham, afición que también logró inculcarme (como se puede ver, yo era un chaval con ideas muy claras y que no se dejaba influenciar así como así).
Pero no fue hasta el 12 de junio de 2004 cuando el ídolo de todos y de todas ustedes, se convirtió en un fan de la banda. Ese día daban un concierto en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid. Aprovechando que mi hermano estaba una semana en dicha ciudad (por aquel entonces él iba pululando por medio mundo), me decidí a acompañarle, junto a otros amigos. Y salí completamente convertido. Así como los musulmanes deben ir al menos una vez en la vida a La Meca, todo aquel a quien le guste la música rock debería ir al menos una vez en la vida a un concierto de Iron Maiden, donde además pueden entrar personas de cualquier nacionalidad y sin necesidad de descalzarse. Unos meses después volví a verlos, y hasta ahora. Y siempre que vengan por estos lares, haré lo posible por disfrutar de sus conciertos.
A modo de aperitivo pongo a continuación el último vídeo de la banda, perteneciente a su último disco y que recomiendo encarecidamente.
3.10.06
Conversación
JEFE: Oye, Ídolo, tú y yo tenemos una conversación pendiente.
TU ÍDOLO: ¿Tú y yo? Pues cuando quieras, que no te tengo miedo.
JEFE: Pues mira, ahora mismo la sala está libre, así que vamos para allá.
El Jefe y el Ídolo se dirigen hacia la sala de reuniones. Tras entrar, cierran la puerta y toman asiento.
JEFE: Bueno, como sabrás tengo una baja. Una baja importante.
TU ÍDOLO: Sí, Jose, ya lo sé (NOTA ACLARATORIA: Jose es, o era, el segundo de El jefe, a quien comúnmente se denominaba como "Número 2").
JEFE: Efectivamente... entonces, como supondrás, necesito otro "Número 2".
TU ÍDOLO: ¿Es eso una indirecta o para que te ayude a elegir a alguien?
JEFE: A ver, yo te lo digo a ti para que te lo pienses. La cosa sería que, cuando yo no estuviera, tú tendrías que sustituirme. No va a suponer ningún cambio respecto al contrato, porque yo ahí no puedo hacer nada, pero sí te serviría para dejarte ver en la oficina como algo más que un simple técnico.
TU ÍDOLO: Bueno, pues si hay que hacerlo, se hace.
JEFE: No, a ver, que yo no quiero obligar a nadie. Pero yo con Jose tenía una relación muy buena, y yo sabía que si yo cerraba los ojos, él me iba a responder. Y yo sé que contigo me pasa lo mismo, porque ya nos conocemos y tenemos la confianza suficiente para decirnos las cosas. Y aparte, porque yo ya sé que contigo se puede contar.
TU ÍDOLO: Pues eso, que por mí no hay ningún problema.
JEFE: Bueno, y si luego surge alguna oportunidad, como la que le ha surgido a Jose, pues desde luego que el primero en quien pensaría sería en ti, aunque tuviera que buscarme otro "Número 2".
TU ÍDOLO: Hombre, eso ya se vería en el caso de que surgiera algo, sí. Vale, cuenta conmigo, pues.
JEFE: Aunque también te digo que aquí a la gente pues le gustan las camisitas, los pantalones vaqueros.... Lo digo para que te vayas preparando.
Así que este fin de semana me tocará irme de compras a por camisas, pantalones y esas cosas....
TU ÍDOLO: ¿Tú y yo? Pues cuando quieras, que no te tengo miedo.
JEFE: Pues mira, ahora mismo la sala está libre, así que vamos para allá.
El Jefe y el Ídolo se dirigen hacia la sala de reuniones. Tras entrar, cierran la puerta y toman asiento.
JEFE: Bueno, como sabrás tengo una baja. Una baja importante.
TU ÍDOLO: Sí, Jose, ya lo sé (NOTA ACLARATORIA: Jose es, o era, el segundo de El jefe, a quien comúnmente se denominaba como "Número 2").
JEFE: Efectivamente... entonces, como supondrás, necesito otro "Número 2".
TU ÍDOLO: ¿Es eso una indirecta o para que te ayude a elegir a alguien?
JEFE: A ver, yo te lo digo a ti para que te lo pienses. La cosa sería que, cuando yo no estuviera, tú tendrías que sustituirme. No va a suponer ningún cambio respecto al contrato, porque yo ahí no puedo hacer nada, pero sí te serviría para dejarte ver en la oficina como algo más que un simple técnico.
TU ÍDOLO: Bueno, pues si hay que hacerlo, se hace.
JEFE: No, a ver, que yo no quiero obligar a nadie. Pero yo con Jose tenía una relación muy buena, y yo sabía que si yo cerraba los ojos, él me iba a responder. Y yo sé que contigo me pasa lo mismo, porque ya nos conocemos y tenemos la confianza suficiente para decirnos las cosas. Y aparte, porque yo ya sé que contigo se puede contar.
TU ÍDOLO: Pues eso, que por mí no hay ningún problema.
JEFE: Bueno, y si luego surge alguna oportunidad, como la que le ha surgido a Jose, pues desde luego que el primero en quien pensaría sería en ti, aunque tuviera que buscarme otro "Número 2".
TU ÍDOLO: Hombre, eso ya se vería en el caso de que surgiera algo, sí. Vale, cuenta conmigo, pues.
JEFE: Aunque también te digo que aquí a la gente pues le gustan las camisitas, los pantalones vaqueros.... Lo digo para que te vayas preparando.
Así que este fin de semana me tocará irme de compras a por camisas, pantalones y esas cosas....
1.10.06
De vuelta
Tras dos semanas de vacaciones y descanso, he regresado por fin a casa esta misma noche. El destino durante ese tiempo ha sido, básicamente, la Ciudad Condal, Barcelona, aunque también ha habido alguna escapadita a Andorra para visitar a un buen amigo. Lo que se ha hecho es lo que se suele hacer en estos casos: descansar, aunque sea sólo mentalmente, desconectar y pasar varios días alejado de todo lo que el curro conlleva, replantearse algunos aspectos de la vida que deberían cambiar, e intentar llevar a cabo esos cambios, aunque no siempre se verán los resultados, puesto que no siempre cambia todo lo que se desea.
Pero todo en la vida tiene un fin y, como no podía ser de otra manera, mis vacaciones también. Así que ya he vuelto, preparado para retornar a la rutina laboral diaria. Y aunque he de reconocer que la estancia en Barcelona ha sido altamente placentera, en parte gracias a mis hermanos Ernesto de la Serna y Su y a la paciencia de mis cuñados, ya echaba un poco de menos Madrid. No he podido evitar, de hecho, una vez en la ciudad, mi ciudad, y montado en el coche, darme una vuelta para ver cómo sigue todo y comprobar que todo está, prácticamente como lo dejé: patas arriba. La huella del señor Gallardón permanece visible en todos los rincones de la capital. Pero pese a las múltiples obras, pese a los infames atascos que seguro que me esperan en mi vuelta al trabajo, pese al trabajo propiamente dicho, echaba de menos mi ciudad. Y es que Madrid, para mal o para bien, es única. Me alegro de estar de vuelta.
Pero todo en la vida tiene un fin y, como no podía ser de otra manera, mis vacaciones también. Así que ya he vuelto, preparado para retornar a la rutina laboral diaria. Y aunque he de reconocer que la estancia en Barcelona ha sido altamente placentera, en parte gracias a mis hermanos Ernesto de la Serna y Su y a la paciencia de mis cuñados, ya echaba un poco de menos Madrid. No he podido evitar, de hecho, una vez en la ciudad, mi ciudad, y montado en el coche, darme una vuelta para ver cómo sigue todo y comprobar que todo está, prácticamente como lo dejé: patas arriba. La huella del señor Gallardón permanece visible en todos los rincones de la capital. Pero pese a las múltiples obras, pese a los infames atascos que seguro que me esperan en mi vuelta al trabajo, pese al trabajo propiamente dicho, echaba de menos mi ciudad. Y es que Madrid, para mal o para bien, es única. Me alegro de estar de vuelta.
8.9.06
Las cosas claras
¿Qué cuesta hacer las cosas bien? Con un poco de esfuerzo se puede lograr hacer de una encrucijada un lugar claro de paso, sin dar lugar a ningún tipo de duda. Sólo hace falta un poco de dedicación a la hora de confeccionar los carteles de indicación. El caso que propongo aquí es una clara muestra:

Esto es lo que puede encontrarse en una de las múltiples obras de la capital. Por si hay dudas al respecto, amplío la información que se puede obtener de dichos carteles:

Cartel 1: ¡Atención! Maquinaria pesada. Está bien que nos avisen de ello, aunque si es muy pesada será complicado no percatarse de su presencia.
Cartel 2: Prohibido permanecer en el radio de acción de la maquinaria. Estupendo. Habría que saber cuál es exactamente ese radio de acción para saber con exactitud dónde no se puede permanecer.
Hasta aquí las cosas están claras. Hay maquinaria pesada y no se puede permanecer en un lugar en el que esas máquinas le puedan alcanzar a uno. Pero hay más carteles:

Cartel 3: ¡Peligro! Cargas suspendidas. Si es que ya me lo decía mi padre: "Hijo, los suspensos no son buenos". Ahora empiezo a entender lo que quería decirme.
Cartel 4: Prohibido permanecer bajo cargas suspendidas. No sea que por el efecto dominó le suspendan a uno también. Y mejor que no, que bastantes suspensos tuve en su día.
Así que la cosa está clara, ¿no? Sabemos que hay maquinaria pesada y que no puede uno acercarse a su radio de acción, así como tampoco puede uno quedarse bajo una carga suspendida. Es decir, habría que ir mirando si la maquinaria nos pudiera alcanzar de alguna manera al mismo tiempo que habría que mirar hacia arriba, no sea que nos cayera un suspenso del cielo. Visto el panorama, lo mejor es evitar ese paso e irse a otro lado, ¿no? ¡Pues no! Porque aquí entra en juego el último cartel, el que lo deja todo atado y bien atado, explicado y bien explicado:

Cartel 5: Paso obligatorio para personas. Es decir, que si uno, en vista del peligro que puede correr su integridad física, decidiera intentar el paso por otro lado menos peligroso, donde no hubiera maquinaria pesada acechando, ni suspensos esperando echarse encima de uno, estaría incurriendo en una terrible ilegalidad. Y hay más: Si uno se fija en lo que el humor typical spanish ha hecho sobre esta última imagen en forma de dibujo, se percatará de que no sólo es paso obligatorio para personas, sino que esas personas deben ser de sexo masculino. El tema del tamaño y grosor de la masculinidad del tipo de la imagen es algo que no debe ser analizado aquí, sino más bien en un congreso médico o en una sala X.
Y es que, como decía al principio, cuando se hacen las cosas bien, no hay lugar para las dudas ni las interrogaciones.

Esto es lo que puede encontrarse en una de las múltiples obras de la capital. Por si hay dudas al respecto, amplío la información que se puede obtener de dichos carteles:

Cartel 1: ¡Atención! Maquinaria pesada. Está bien que nos avisen de ello, aunque si es muy pesada será complicado no percatarse de su presencia.
Cartel 2: Prohibido permanecer en el radio de acción de la maquinaria. Estupendo. Habría que saber cuál es exactamente ese radio de acción para saber con exactitud dónde no se puede permanecer.
Hasta aquí las cosas están claras. Hay maquinaria pesada y no se puede permanecer en un lugar en el que esas máquinas le puedan alcanzar a uno. Pero hay más carteles:

Cartel 3: ¡Peligro! Cargas suspendidas. Si es que ya me lo decía mi padre: "Hijo, los suspensos no son buenos". Ahora empiezo a entender lo que quería decirme.
Cartel 4: Prohibido permanecer bajo cargas suspendidas. No sea que por el efecto dominó le suspendan a uno también. Y mejor que no, que bastantes suspensos tuve en su día.
Así que la cosa está clara, ¿no? Sabemos que hay maquinaria pesada y que no puede uno acercarse a su radio de acción, así como tampoco puede uno quedarse bajo una carga suspendida. Es decir, habría que ir mirando si la maquinaria nos pudiera alcanzar de alguna manera al mismo tiempo que habría que mirar hacia arriba, no sea que nos cayera un suspenso del cielo. Visto el panorama, lo mejor es evitar ese paso e irse a otro lado, ¿no? ¡Pues no! Porque aquí entra en juego el último cartel, el que lo deja todo atado y bien atado, explicado y bien explicado:

Cartel 5: Paso obligatorio para personas. Es decir, que si uno, en vista del peligro que puede correr su integridad física, decidiera intentar el paso por otro lado menos peligroso, donde no hubiera maquinaria pesada acechando, ni suspensos esperando echarse encima de uno, estaría incurriendo en una terrible ilegalidad. Y hay más: Si uno se fija en lo que el humor typical spanish ha hecho sobre esta última imagen en forma de dibujo, se percatará de que no sólo es paso obligatorio para personas, sino que esas personas deben ser de sexo masculino. El tema del tamaño y grosor de la masculinidad del tipo de la imagen es algo que no debe ser analizado aquí, sino más bien en un congreso médico o en una sala X.
Y es que, como decía al principio, cuando se hacen las cosas bien, no hay lugar para las dudas ni las interrogaciones.
2.9.06
A por Hellas, oe, a por Hellas....

A estas alturas serán pocos los que no se hayan enterado de la clasificación de la selección española de baloncesto para la final del mundial que se disputa en Japón y que le enfrentará a Grecia. Tras un partido duro, muy duro, ante la actual campeona olímpica y subcampeona del mundo, Argentina. Un equipo correoso, competitivo, que juega con mucha dureza y que tiene en sus filas a jugones de la talla de Ginobili, Nocioni, Oberto o Scola. El partido ha sido tenso. Muy tenso. Los dos equipos se conocen demasiado bien (no hay que olvidar que la amplia mayoría de los argentinos juegan o han jugado en algún momento en la liga ACB). Pero, tras un final agónico propio de este deporte, el triunfo ha caído del lado español por un sólo punto. España es una de las dos mejores selecciones del mundo. El domingo se verá si es la mejor o, por el contrario, no.
Siempre que un equipo nacional logra un éxito de este calibre, se hacen comparaciones inmediatamente con el mundo del fútbol, donde lo único que ganamos son amigos. Y a veces ni eso. Pero cualquier comparación resulta odiosa, y en este caso, más. Empezando por los jugadores. Cuando uno observa a los futbolistas, uno percibe una imagen muy narcisista de los mismos, la típica del niño rico, preocupado por el peinado que lleva, tener el mejor coche, lucir los pendientes más brillantes.... Únicamente se utiliza el término galáctico en el mundo del fútbol, simplemente para reseñar que alguien es muy bueno practicando ese deporte. Lo malo es que los propios futbolistas muchas veces se lo creen, y ahí es donde empieza el problema. Están endiosados. Fernando Torres o Sergio Ramos son dos claros ejemplos de ello. Quizá los más claros.
Cuando uno mira a algún jugador de la selección de baloncesto (hacia arriba, claro), ve personas mucho más normales, a las que se puede uno acercar sabiendo que no va a recibir ningún tipo de desplante, como quien se acerca a una persona cualquiera en la calle. Incluso Pau Gasol, quien podría tener delirios de grandeza por ser la figura más destacada y el mejor jugador de un equipo de la NBA, da muestras de una asombrosa normalidad, atiende a la prensa sin problemas, firma autógrafos sin poner cara de que le estén apretando los calzoncillos... Por eso, cuando uno ve una imagen como la del jugador de Sant Boi llorando tras caer lesionado, siente lástima, y se puede escuchar varias veces la palabra "pobrecillo". ¿Alguien dijo esa palabra cuando la España de fútbol cayó eliminada ante Francia en el último mundial?
1.9.06
Ferpectamente + 20

El martes pasado, tuve la oportunidad de volver a ver a uno de los grupos que más me han gustado siempre, si no es el que más: Los enemigos. A pesar de que se habían separado hace unos años, decidieron reunirse con la formación original para celebrar el vigésimo aniversario de la publicación de su primer disco, "Ferpectamente". Y aunque podría extenderme contando lo que me pareció el concierto (que fue buenísimo, si bien un poco agobiante por lo pequeño del local y la cantidad de gente que allí se encontraba), voy a copiar aquí, gracias al método de escritura de Ana Rosa Quintana, un artículo que he encontrado al respecto. Sorprendentemente, es del ABC.
Había motivos para la celebración. El 20 cumpleaños de un disco como «Ferpectamente» merecía una gira como la que están protagonizando sus autores, Los Enemigos, una banda que escribió, en sus más de 15 años de existencia, algunos de los párrafos más brillantes del libro del rock español, aunque una buena parte del público ni siquiera llegó a enterarse.
El motivo del renacimiento de esta banda fue para homenajear a Kike Turmix, todo un personaje en el sector musical madrileño más radical y seguidor incondicional de la banda, fallecido el pasado año: «Nos juntamos la formación que había grabado ese disco –comenta Josele Santiago-, porque él siempre la apreció mucho. Hicimos la fiesta en enero, nos gustó y nos apeteció seguir». No en vano, el principal acicate para embarcarse en una gira por pequeñas salas de toda la geografía hispana era el puro jolgorio, lo cual casa perfectamente con el ánimo que les llevó a grabar aquellas canciones como «El ataque de los hombres Bruster», «Juan Valdés» (dedicado al hombre del café seleccionado con fruición), «Plis plis mi» (versión instrumental del tema de Lennon / McCartney) o «Jacobo que te adobo»: «Resultó divertido volver a ese repertorio, que era muy gracioso. Además, ahora viene mucha gente a vernos, cosa que en aquellos momentos no ocurría. También hacemos algunas versiones de temas clásicos, como, por ejemplo, de Chuck Berry. Al principio sólo queríamos hacer una fiesta, pero luego pensamos que, si continuábamos, lo mismo conseguíamos que nos pagaran por ello, como así ha sido». De lo que puede ocurrir en un concierto de estos cuarentones desmelenados baste añadir un dato: recientemente, en Málaga, animaron a su público, al final del espectáculo, a que les acompañaran a la playa, situada a escasos metros, para darse un baño nocturno sin incómodos ropajes encima.
Siempre nadaron a contracorriente. A principios de los 80, Artemio Pérez a la batería y Roberto Arbolea a la guitarra (luego pasaría al bajo) se divertían haciendo ruido y versiones garajeras por el barrio de Malasaña. Pronto se les suma José Luis Santiago Romero, Josele, de la mano, precisamente, de Kike Turmix. Su progresión es notoria: en 1986 ganan el por entonces prestigioso concurso de rock Villa de Madrid y, ese mismo año, graban «Ferpectamente». Un álbum tan castizo que los primeros ejemplares se vendían en el bar Marcelino a 1.000 pesetas, e incluían caña y tapa de chorizo de regalo (es cierto).
No es que fuera un hito mundial, pero sí un aldabonazo de humor negro y letras cerveceras y disparatadas que avisó a los más atentos de que allí se estaba fraguando algo serio. Unos temas que reflejaban bastante bien la vida alocada que protagonizaban los componentes de la banda, embarcados en una juerga constante: «Creo que las canciones han aguantado bien el paso del tiempo –explica Josele–, pero del famoso sonido de los 80 no te podías librar. Por aquel entonces lo del rock and roll no estaba asimilado y, por ejemplo, se escucha cada golpe de la batería... El rock and roll tendrá momentos más altos y bajos, pero ahí sigue para pasarlo bien y ejercer un poco de mosca cojonera».
En aquellos primeros tiempos los cambios se sucedieron con rapidez en el seno del grupo: en el puesto de bajista se va Roberto, sutituido por Michi González y éste, a su vez, por Fino Oyonarte, procedente de Glutamato Ye-Yé y que ya se quedaría de forma permanente hasta el fin de los días de Los Enemigos. Por eso, aunque en realidad fue Michi el que ejerció de bajista en la grabación de «Ferpectamente», fue Fino el encargado de llevar su contenido por pueblos y bares de toda España.
Desde entonces las cosas han cambiado mucho en el panorama musical, unas para bien y otras, por desgracia, para mal: «En los grupos de ahora echo de menos un discurso propio y, por supuesto, el sentido del humor».
El tiempo también trajo nuevas transformaciones. Artemio dejó pronto la banda y otros músicos se fueron incorporando. Al final, el proyecto simplemente se agotó, y la gira de despedida de 2001-2002 fue toda una apoteósis de público y emoción. Así que, durante tres días, los madrileños podrán recordar los viejos tiempos del desmadre que hicieron de esta ciudad un... desmadre.
29.8.06
Nostalgias
Tras visitar el blog del amigo Mikel de Tellagorri, y más concretamente el post en el que ponía un videoclip del grupo Extremoduro, me ha dado por pasear un rato por la memoria, llegando a etapas de mi infancia en las que no tenía preocupación alguna, más que hacer el cabra y pasarlo bien. Y parte del ocio era ver algunas series de televisión.
¿A alguien le trae algún tipo de recuerdo alguno de los videos que expongo a continuación?
¿A alguien le trae algún tipo de recuerdo alguno de los videos que expongo a continuación?
27.8.06
Excursión a la montaña
Este fin de semana he tenido la oportunidad de hacer una excursión a la sierra de Gredos, concretamente a la zona conocida como Laguna Grande, con los habituales en mis aventuras de este tipo, escasas hasta ahora, Gonzalo, Toño y Arancha. El plan era el mismo que el año pasado: llegar hasta la citada laguna, tras una larga y sinuosa caminata que resulta más complicada aún con los kilos que llevamos en la espalda, comer allí, pasar la tarde y la noche, y a la mañana siguiente volver por la mañana y retornar a casa, tras comer en un restaurante de camino en el que son bastante generosos con los alimentos.
Al llegar a la plataforma donde dejamos el coche, nos dedicamos a realizar el reparto de identidades de cara a la subida, como si fuéramos unos críos (en el fondo creo que lo somos). Toño sería Gianni Bugno, Gonzalo, Prudencio Induráin, yo mismo sería Claudio Chiapucci (siempre somos los mismos desde hace varios años) y, tras decisión popular, se decide que Arancha sea Laurent Fignon. Hale, los niños contentos y ya podemos comenzar el ascenso.
La primera parte es bastante dura: un suelo de piedras que no son lo mejor para los pies, amén de las correspondientes pendiente y longitud. Llegamos, tras un buen rato y cada uno a su ritmo, a la primera fuente, donde después de recuperar el fuelle y soltar alguna tontería, soy informado vía sms de la momentánea victoria de la selección española de baloncesto frente a la de Serbia en el mundial de Japón. Cuando nos adentremos un poco más en la montaña, perderemos la cobertura, por lo que agradezco la información recibida.
La segunda parte de la marcha no es tan dura, aunque sí peligrosa, pues a pesar de no ser una subida, el camino es de piedra y es probable algún resbalón con funestas consecuencias en el momento en que uno se descuide. Toño y Gonzalo vuelven a imponer un ritmo alto que ni Arancha ni yo queremos seguir. Hay que decir que las mochilas que llevan ellos son sensiblemente más pequeñas que las nuestras, por lo que, al estar todas llenas hasta arriba (incluso tenía que llevar yo el saco de dormir de Gonzalo), no hace falta ser un experto en física para deducir que llevábamos más peso que ellos. Tras llegar a la laguna y escoger un sitio donde descansar nos dedicamos a meter mano a las viandas que llevamos para la ocasión.
Pero no contábamos con una inesperada visita que no tuvimos el año pasado. Dos cabras, una madre y su cría andan pululando por la zona, hasta que, en mitad de nuestra comida, se acercan a nuestra posición. Como no somos precisamente unos expertos en biología, no sabemos el comportamiento que suelen tener estos animales cuando se te quedan mirando fijamente y hacen un ruido extraño con la boca. Nos da por pensar que quiere proteger a la cría y que va a emprender un furibundo ataque contra nosotros de un momento a otro. Nos da por pensar también que simplemente está mirándonos para ver si cae algo de comida. Comprobamos que, al dejar de mirarla, ella mira también para otro lado, si bien no se mueve de su situación. Con un poco de miedo en el cuerpo terminamos nuestra comida, aunque la cabra finalmente, viendo que pasamos de ella, decide irse con la música a otra parte.
Más tarde, durante la siesta, puedo comprobar que estos animales son más cobardes (o digamos mejor precavidos) que nosotros, cuando un perro de la raza caniche hace huir a dos fieras cabras a la montaña con un ataque frontal. Y quiero pensar que nosotros imponemos más respeto que un caniche. Problema solucionado. De hecho, más tarde, en un arranque de valentía por mi parte, logro hacer que una se vaya, acto que inmortalizo con la cámara y que, sin duda, es una muestra de la gallardía que me caracteriza.
La tarde pasa sin mayores anécdotas que las que surgen en una estancia de estas características, hasta que llega el momento más temido por mí y por mis compañeros. El año pasado no fui capaz de dormir más de una hora en toda la noche, lo cual, unido a la movilidad que necesité intentando buscar la postura adecuada para poder descansar bien y conciliar el sueño, propició que los que estaban a mi alrededor tampoco durmieran lo deseable. Pero en esta ocasión, pedí asesoramiento a mi hermano a la hora de adquirir material para la excursión de marras, dado que el año anterior había ido de prestado y él tiene alguna experiencia en marchas de este tipo, por lo que albergaba esperanzas de poder dormir y de no molestar al resto. Y tras contar las pertinentes historias de miedo que en realidad son comedias, puesto que las improvisamos sobre la marcha, nos metemos en los sacos y, sorprendentemente, logro dormir.
Por la mañana, como es habitual en mí, me despierto antes que los demás, por lo que decido ir a dar un paseo para hacer tiempo. Pero poco después entra en acción el "servicio de despertador de Gredos". Un helicóptero de la guardia civil comienza a sobrevolar la zona a escasa altura, por lo que despierta a los que estuvieran dormidos. La finalidad es la de multar a aquellos que hayan montado tiendas de campaña para dormir, pues en este país sólo está permitido hacerlo desde la puesta de sol hasta su salida. No sé por qué, pero por lo visto es así. Tras realizar su labor, tal como llegan, se van. Algo que decidimos hacer nosotros también, aunque no en helicóptero.
La vuelta resulta más sencilla que la ida, no sé bien por qué, pero ahora subimos mejor. Tras llegar nuevamente al coche a mediodía y tomar algo, vamos a comer a un peculiar restaurante. El único que conozco en el que es el camarero el que dice lo que vas a comer (y que no se te ocurra contradecirle): Migas, patatas revolconas, judiones y cordero asado. Es fácil deducir que salimos a cuatro patas del local debido a la cantidad de comida ingerida. Pero salimos al fin y al cabo.
De vuelta a casa, tras un fin de semana demoledor, de esos que hacen que termines con dolores en las piernas y con una imperiosa necesidad de descansar, pero contento por haber hecho algo distinto a "lo de siempre". Y pensando en repetir cuanto antes. Y después de escribir esto, me voy a dormir, o mañana no me levantan ni con grúa.
Al llegar a la plataforma donde dejamos el coche, nos dedicamos a realizar el reparto de identidades de cara a la subida, como si fuéramos unos críos (en el fondo creo que lo somos). Toño sería Gianni Bugno, Gonzalo, Prudencio Induráin, yo mismo sería Claudio Chiapucci (siempre somos los mismos desde hace varios años) y, tras decisión popular, se decide que Arancha sea Laurent Fignon. Hale, los niños contentos y ya podemos comenzar el ascenso.
La primera parte es bastante dura: un suelo de piedras que no son lo mejor para los pies, amén de las correspondientes pendiente y longitud. Llegamos, tras un buen rato y cada uno a su ritmo, a la primera fuente, donde después de recuperar el fuelle y soltar alguna tontería, soy informado vía sms de la momentánea victoria de la selección española de baloncesto frente a la de Serbia en el mundial de Japón. Cuando nos adentremos un poco más en la montaña, perderemos la cobertura, por lo que agradezco la información recibida.
La segunda parte de la marcha no es tan dura, aunque sí peligrosa, pues a pesar de no ser una subida, el camino es de piedra y es probable algún resbalón con funestas consecuencias en el momento en que uno se descuide. Toño y Gonzalo vuelven a imponer un ritmo alto que ni Arancha ni yo queremos seguir. Hay que decir que las mochilas que llevan ellos son sensiblemente más pequeñas que las nuestras, por lo que, al estar todas llenas hasta arriba (incluso tenía que llevar yo el saco de dormir de Gonzalo), no hace falta ser un experto en física para deducir que llevábamos más peso que ellos. Tras llegar a la laguna y escoger un sitio donde descansar nos dedicamos a meter mano a las viandas que llevamos para la ocasión.
Pero no contábamos con una inesperada visita que no tuvimos el año pasado. Dos cabras, una madre y su cría andan pululando por la zona, hasta que, en mitad de nuestra comida, se acercan a nuestra posición. Como no somos precisamente unos expertos en biología, no sabemos el comportamiento que suelen tener estos animales cuando se te quedan mirando fijamente y hacen un ruido extraño con la boca. Nos da por pensar que quiere proteger a la cría y que va a emprender un furibundo ataque contra nosotros de un momento a otro. Nos da por pensar también que simplemente está mirándonos para ver si cae algo de comida. Comprobamos que, al dejar de mirarla, ella mira también para otro lado, si bien no se mueve de su situación. Con un poco de miedo en el cuerpo terminamos nuestra comida, aunque la cabra finalmente, viendo que pasamos de ella, decide irse con la música a otra parte.
Más tarde, durante la siesta, puedo comprobar que estos animales son más cobardes (o digamos mejor precavidos) que nosotros, cuando un perro de la raza caniche hace huir a dos fieras cabras a la montaña con un ataque frontal. Y quiero pensar que nosotros imponemos más respeto que un caniche. Problema solucionado. De hecho, más tarde, en un arranque de valentía por mi parte, logro hacer que una se vaya, acto que inmortalizo con la cámara y que, sin duda, es una muestra de la gallardía que me caracteriza.
La tarde pasa sin mayores anécdotas que las que surgen en una estancia de estas características, hasta que llega el momento más temido por mí y por mis compañeros. El año pasado no fui capaz de dormir más de una hora en toda la noche, lo cual, unido a la movilidad que necesité intentando buscar la postura adecuada para poder descansar bien y conciliar el sueño, propició que los que estaban a mi alrededor tampoco durmieran lo deseable. Pero en esta ocasión, pedí asesoramiento a mi hermano a la hora de adquirir material para la excursión de marras, dado que el año anterior había ido de prestado y él tiene alguna experiencia en marchas de este tipo, por lo que albergaba esperanzas de poder dormir y de no molestar al resto. Y tras contar las pertinentes historias de miedo que en realidad son comedias, puesto que las improvisamos sobre la marcha, nos metemos en los sacos y, sorprendentemente, logro dormir.
Por la mañana, como es habitual en mí, me despierto antes que los demás, por lo que decido ir a dar un paseo para hacer tiempo. Pero poco después entra en acción el "servicio de despertador de Gredos". Un helicóptero de la guardia civil comienza a sobrevolar la zona a escasa altura, por lo que despierta a los que estuvieran dormidos. La finalidad es la de multar a aquellos que hayan montado tiendas de campaña para dormir, pues en este país sólo está permitido hacerlo desde la puesta de sol hasta su salida. No sé por qué, pero por lo visto es así. Tras realizar su labor, tal como llegan, se van. Algo que decidimos hacer nosotros también, aunque no en helicóptero.
La vuelta resulta más sencilla que la ida, no sé bien por qué, pero ahora subimos mejor. Tras llegar nuevamente al coche a mediodía y tomar algo, vamos a comer a un peculiar restaurante. El único que conozco en el que es el camarero el que dice lo que vas a comer (y que no se te ocurra contradecirle): Migas, patatas revolconas, judiones y cordero asado. Es fácil deducir que salimos a cuatro patas del local debido a la cantidad de comida ingerida. Pero salimos al fin y al cabo.
De vuelta a casa, tras un fin de semana demoledor, de esos que hacen que termines con dolores en las piernas y con una imperiosa necesidad de descansar, pero contento por haber hecho algo distinto a "lo de siempre". Y pensando en repetir cuanto antes. Y después de escribir esto, me voy a dormir, o mañana no me levantan ni con grúa.
25.8.06
La uralita
Una de las aficiones que tenía cuando era pequeño / adolescente era irme a casa de mi vecino a gastar bromas a la gente. Supongo que todos, o casi todos, hemos pasado en mayor o menor medida por esa etapa durante nuestra edad del pavo. ¿Quién no ha hecho llamadas telefónicas a desconocidos con algún chascarrillo con el fin de echarse unas risas a costa del interlocutor en cuestión? ¿Quién no ha tocado en algún telefonillo y ha salido corriendo, o ha preguntado alguna tontería? Pero una de nuestras gracias favoritas era tirar cosas por la ventana a la gente que por la calle pasaba: huevos, globos de agua, cebollas, patatas.... Ya desde pequeños mostrábamos nuestra faceta más macarrilla, pero hubo un día que toda esa afición se desvaneció bruscamente.
Estábamos como otras veces tirando cosas y arrastrándonos por el suelo de la risa (simples que éramos... ¿o seguimos siendo?). Mi vecino (al que llamaremos de aquí en adelante El Sunder), dio muestras de su gran puntería cuando, cebolla en mano, dijo que se la iba a tirar a un coche que estaba aparcando en la urbanización de enfrente. Apuntó, disparó... y coló la cebolla por la ventanilla del sorprendido conductor, que debió, como se dice comúnmente, fliparlo en colores. El lanzamiento tuvo su mérito, si tenemos en cuenta que fue realizado desde un octavo piso. El vehículo, no obstante, siguió su camino hasta su lugar de aparcamiento. No se trataba en este caso de un parking subterráneo, sino de uno al aire libre, con la única protección de una capa de uralita que cubría la fila entera de vehículos. Ahí se detuvo el coche. Y supongo que los minutos siguientes los dedicó a pensar qué era lo que había entrado en su coche de esa manera tan expeditiva y, una vez descubierto, cómo había ido a parar la hortaliza en cuestión al interior de su vehículo. En ese intervalo de tiempo yo tuve una feliz idea. Llenamos un tetra brik recogido de la basura de agua, lo grapamos para que no se saliera el líquido elemento y nos dispusimos a lanzarlo, tal y como llevábamos haciendo un buen rato.
Le dije al Sunder que lo tirara a la uralita, que molaba mucho cómo sonaba. Dicho y hecho. Efectivamente, sonaba como un petardazo (aunque yo, dada mi poca familiaridad con la física, no había previsto que la uralita se rompiera). El destino, la puntería de mi compinche (¿o era yo su compinche?) o quién sabe qué, dispuso que el tetra brik en cuestión cayera justo al lado del vehículo cebollero, en cuyo interior aún se encontraba el atónito conductor, que debió quedarse aún más atónito al comprobar ese nuevo ataque sufrido. Debió pensar entonces que alguien quería acabar con él, y en ningún momento se le habría pasado por la cabeza que eran dos capullos con mucho tiempo libre los autores del bombardeo.
Pero la mala suerte quiso que el portero de esa urbanización viera todo lo sucedido, y tardara escasos quince minutos en venir a pedir explicaciones. Cuando le vi aparecer en la puerta de mi casa el mundo se me vino encima y pude ver claramente mi vida en imágenes en forma de película. Y era una comedia. Aunque para pocas risas estaba yo en ese momento.
Finalmente la cosa no pasó a mayores. Ni tuve que pagar los desperfectos (supongo que el seguro cubría los ataques de dos quinceañeros aburridos) ni tampoco el propietario del vehículo atacado. Pero estuvimos una buenta temporada con el miedo metido en el cuerpo y sin atrevernos a lanzar nada por la ventana... al menos desde la terraza desde la que lo hicimos aquel día.
Estábamos como otras veces tirando cosas y arrastrándonos por el suelo de la risa (simples que éramos... ¿o seguimos siendo?). Mi vecino (al que llamaremos de aquí en adelante El Sunder), dio muestras de su gran puntería cuando, cebolla en mano, dijo que se la iba a tirar a un coche que estaba aparcando en la urbanización de enfrente. Apuntó, disparó... y coló la cebolla por la ventanilla del sorprendido conductor, que debió, como se dice comúnmente, fliparlo en colores. El lanzamiento tuvo su mérito, si tenemos en cuenta que fue realizado desde un octavo piso. El vehículo, no obstante, siguió su camino hasta su lugar de aparcamiento. No se trataba en este caso de un parking subterráneo, sino de uno al aire libre, con la única protección de una capa de uralita que cubría la fila entera de vehículos. Ahí se detuvo el coche. Y supongo que los minutos siguientes los dedicó a pensar qué era lo que había entrado en su coche de esa manera tan expeditiva y, una vez descubierto, cómo había ido a parar la hortaliza en cuestión al interior de su vehículo. En ese intervalo de tiempo yo tuve una feliz idea. Llenamos un tetra brik recogido de la basura de agua, lo grapamos para que no se saliera el líquido elemento y nos dispusimos a lanzarlo, tal y como llevábamos haciendo un buen rato.
Le dije al Sunder que lo tirara a la uralita, que molaba mucho cómo sonaba. Dicho y hecho. Efectivamente, sonaba como un petardazo (aunque yo, dada mi poca familiaridad con la física, no había previsto que la uralita se rompiera). El destino, la puntería de mi compinche (¿o era yo su compinche?) o quién sabe qué, dispuso que el tetra brik en cuestión cayera justo al lado del vehículo cebollero, en cuyo interior aún se encontraba el atónito conductor, que debió quedarse aún más atónito al comprobar ese nuevo ataque sufrido. Debió pensar entonces que alguien quería acabar con él, y en ningún momento se le habría pasado por la cabeza que eran dos capullos con mucho tiempo libre los autores del bombardeo.
Pero la mala suerte quiso que el portero de esa urbanización viera todo lo sucedido, y tardara escasos quince minutos en venir a pedir explicaciones. Cuando le vi aparecer en la puerta de mi casa el mundo se me vino encima y pude ver claramente mi vida en imágenes en forma de película. Y era una comedia. Aunque para pocas risas estaba yo en ese momento.
Finalmente la cosa no pasó a mayores. Ni tuve que pagar los desperfectos (supongo que el seguro cubría los ataques de dos quinceañeros aburridos) ni tampoco el propietario del vehículo atacado. Pero estuvimos una buenta temporada con el miedo metido en el cuerpo y sin atrevernos a lanzar nada por la ventana... al menos desde la terraza desde la que lo hicimos aquel día.
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