27.5.06

El tapicero, señora

¿Quién no ha escuchado alguna vez la cantinela del tapicero? Esa que nos atormenta los sábados por la mañana (no sé si el resto de la semana también, no estoy en casa para averiguarlo) y que nos ofrecen tapizarnos "sillones, tresillos, mecedoras, descalzadoras y toda clase de muebles que tenga en mal estado. No deje pasar esta oportunidad: el tapicero en su propio domicilio".

Hace unos años teníamos unos sillones orejeros en el salón que pedían a gritos ser tapizados, por lo que cuando escuchamos el sugerente anuncio en la calle, no lo dudamos un instante. Mi padre bajó raudo y veloz a buscar la furgoneta que emitía el mensaje para invitarles a que vinieran a nuestro propio domicilio. Cuando volvió, pocos minutos después, empezó a abrir todas las ventanas de la casa ante la atónita mirada de dos de sus hijos, en este caso Su y un servidor. Después nos invitó a poner en funcionamiento todos los ambientadores de la casa, algo que nos llevó poco tiempo, por otro lado, dado que no disponíamos de ninguno. El caso es que cuando vino el "tapicero, señora" a nuestro propio domicilio, comprendimos al instante la preocupación de mi padre. Digamos que antes de ver al "tapicero, señora", lo olimos.

Hasta que entró en nuestro propio domicilio. Lo primero que hizo fue presentarse. Su nombre resultó ser Aníbal. "Como el de los cuarenta ladrones", nos dijo. Mal presagio si está intentando vender algo. Mi padre, con su habitual tono socarrón, le dijo que esperaba que no trabajara con cuarenta compañeros, a lo que el "tapicero, señora" respondió que no, "nosotros sólo semos siete". La cosa no pasó a mayores, ante los intentos de aguantar la risa de mi hermana. Y los míos, para qué negarlo. Se llevó los dos sillones y los traería una semana después. Tiempo más que suficiente para saquear las tiendas de la zona de toda clase de ambientadores para la casa que pudimos encontrar, pues Aníbal nos la había ambientado... a su manera.

Hoy, nuevamente, he vuelto a escuchar la cantinela del "tapicero, señora". Y, desde entonces, cada vez que la oigo, me acuerdo de Aníbal. Y de los cuarenta ladrones.

3 comentarios:

  1. Semos siete. Pero golemos como 40.

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  2. Ya habieran querido los cuarenta goler asín.

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  3. jajajaja aca por México las cantinelas de los sábados por la mañana incluyen el gas, las legumbres y alguna otra cosilla que se ocurra... en epoca de frio el carrito de elotes y el vendedor de dulce de camote (así se llama una legumbre aquí, que le vamos a hacer)

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