
La afición del Atleti tiene la asombrosa capacidad de entusiasmarse con casi cualquier cosa. Todos los años pensamos lo mismo: "Este año sí". A pesar de los innumerables fichajes mediocres que se han hecho en los últimos años, siempre se escucha la misma cantinela, siempre nos hacemos ilusiones pensando que se pueden hacer cosas importantes durante la temporada. Hasta que llega la hora de la verdad y todas esas ilusiones se esfuman para dar paso a la realidad, a la cruda realidad.
Este año parecía diferente. Parecía que los directivos se habían puesto las pilas para formar un plantel decente y competitivo con incorporaciones importantes. Tanto es así que me picó el gusanillo y decidí abonarme. Y hoy era el primer partido de la Liga. Hacia el Calderón me dirigí con mis ilusiones y mis ganas de ver al Atleti ganar. Hasta que ha llegado, nuevamente, la realidad.
Sé que solamente ha sido el primer partido de Liga, y que uno de los tópicos que repiten los futbolistas es que "aún quedan muchos puntos", pero ya empiezo a plantearme si ha sido una buena idea el haberme abonado al sufrimiento.
Y yo mismo me respondo: "Claro que he hecho bien, joder, al fin y al cabo, estoy viendo a mi Atleti". Que Dios se apiade de mí.