24.10.05

Falta de inspiración

Llevo varios días sin animarme a escribir. No sé sobre qué hacerlo.

Podría hablar de Dios. De cómo los que dicen que no creen en él se basan en esa creencia (o no creencia en este caso) argumentando que si existe es un cabrón por permitir las catástrofes naturales que están asolando la zona de Centroamérica y parte de Norteamérica (y con Norteamérica no me refiero solamente a Estados Unidos, que al igual que Teruel, Canadá y México también existen). Pero sería un tema complicado y no sé si sabría expresarme de acuerdo a mis pensamientos.

Podría hablar de los dos últimos sábados tan horribles que he pasado, en los que mi día giró en torno al trabajo, que se complicaba por momentos aunque, finalmente, conseguíamos llevarlo a cabo de la mejor manera posible. Pero la sensación de que Murphy andaba acechando a la vuelta de cada esquina no me la quitó nadie. Ni este sábado pasado, ni el anterior. Y me toca trabajar también el siguiente, me emociono sólo de pensarlo.

Podría hablar del bajón que me dio el domingo pasado tras el partido que jugué en el madrileño distrito de Ciudad Lineal. Me entró un sudor frío impresionante y me quedé sin fuerzas, llegando como pude a casa de mi primo para terminar vomitando allí. Y para colmo, perdimos el partido.

Podría hablar de lo chapuzas que son en el taller de mi barrio. Les llevé "mi" coche para pasar la revisión de los 60.000 kilómetros, revisión en la cual, según tengo entendido y que ellos me corroboraron, hay que cambiar los filtros. Aproveché también para decirles que el coche se me calaba. Y no es por torpeza del conductor, como alguno estará pensando, porque se me cala cuando está en punto muerto. Pues después de devolvérmelo un día más tarde, me lo han devuelto mal. Se me sigue calando (en punto muerto, repito, para los mal pensados). Pero lo peor fue que el sábado, mientras trabajaba, se me encendió una lucecita en el salpicadero. Miré en el libro del coche y leí que era el testigo de autodiagnosis del motor. Que posiblemente se encendiera por suciedad en los filtros. O sea, que encima de devolverme el coche tarde y mal, porque se sigue calando, me han puesto filtros sucios y/o usados. Para echarse a temblar.

Podría hablar de la impotencia. La que me produce el querer hablar con una persona, saber cómo está, bromear un poco con ella... Pero no poder hacerlo y depender únicamente de que se ponga en contacto con uno vía telefónica. Aunque ese contacto suele ser solamente de unos minutos y en tan corto espacio de tiempo es físicamente imposible contar todo lo que quiero contar y escuchar todo lo que quiero escuchar. Me sabe a poco. Aunque, de momento, es lo que hay.

Podría hablar de Rafa Nadal. Partiendo de la base de que me cae bastante mal, me parece que el partido de ayer en el Masters Series de Madrid, donde remontó un encuentro que tenía tremendamente cuesta arriba, es un premio a la constancia y a creer en uno mismo, y más de uno, entre los que indudablemente me he de incluir, debería aprender de él.

Podría hablar de muchas cosas. Pero no encuentro la inspiración necesaria para hacerlo.

3 comentarios:

  1. A mí me pasa algo similar a lo que escribiste en un párrafo. Yo también siento impotencia pero por otra parte soy feliz al saber que todavía existen opciones de comunicación. Las posibilidades se reducen pero el amor permanece aún en los momentos más difíciles.

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  2. Para no estar inspirado, tienes muchas ideas sobre las que escribir...

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  3. Mas que falta de inspiración, parece que tienes un pequeño bajón anímico.
    Como bien has dicho hay que seguir el ejemplo de las personas que se sobreponen a las adversidades, aunque cueste mucho y por momentos quieras tirar la toalla.
    Ánimo compañero.

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