Conducir es uno de los mayores placeres de esta vida, al menos para el que le guste hacerlo, claro. Aparte de la libertad de movimiento que da el poder ir exactamente donde uno quiera, es un medio increíble para ver el comportamiento humano. Y si no, la próxima vez que vayáis en coche fijaos en los conductores de alrededor y en sus modos de conducción.
Los hay que están continuamente encrespados, insultando a todo lo que se mueva y pensando que tienen la razón en todo. Estos conductores suelen ser casi siempre hombres (pocas mujeres macarras me he encontrado al volante), y suelen ser de una edad aproximada de 30 - 40 años. Conviene no acercarse mucho a ellos, porque uno nunca puede predecir con exactitud hacia dónde van a mover su vehículo, aparte de que casi siempre lo harán de manera brusca, lo que les hace ser más machos.
Luego están los macarras, niñitos
bakalas o similares, casi siempre al volante de un Opel Astra, un Seat León o un Seat Ibiza. Estos suelen ser los que tienen los coches tuneados, el típico coche que lo ves y piensas que no puede ser de alguien que no sea un macarra. A estos es peligroso encontrárselos en una autovía o autopista, porque a su condición natural de quinqui se le añade el poseer un coche potente (los tres modelos citados lo son), con lo que siempre estará su hombría en entredicho si se te ocurre adelantarle. Inmediatamente se pondrá detrás, pegadito a tu coche para dejar claro quién es el rey de la autopista. Déjale pasar. Es lo mejor. En ciudad no son tan peligrosos, aunque sí fácilmente reconocibles, por llevar una música realmente hortera a todo volumen, con las ventanillas bajadas para que el personal pueda empaparse bien de su buen gusto.
Luego están las mujeres. Partimos de la base de que no son todas iguales, no vayamos ahora a tener una discusión absurda sobre quién conduce mejor, que ese no es mi objeteivo. Lo que sí es cierto es que la gran mayoría de las mujeres al volante cumple el mismo patrón. Confunden prudencia con peligrosidad (para los demás). Si alguna vez vemos un coche en una autopista por el carril del medio y a 80 km/h, no lo dudemos ni un instante, es una mujer. No les gusta correr, por lo que no se ponen en el carril de la izquierda (aunque hay alguna que sí, ojo, y hay que terminar adelantando por la derecha, en contra de lo que dicen las leyes de circulación, porque a pesar de tener media ciudad detrás, no se cambiará nunca de carril). Pero tampoco quieren entorpecer a los vehículos que se incorporan, por lo que no se ponen a la derecha. Solución sencilla: carril del medio y a su velocidad justa. Aunque todo hay que decirlo, este perfil corresponde más a mujeres tirando a maduras, que por circunstancias han empezado a conducir tarde. Las chicas más jóvenes que conducen ahora lo hacen mucho mejor que sus "madres".
Y también están los taxistas. ¡Ay, los taxistas! Son un bien para el resto de los conductores, porque nos hacen ejercitar nuestros reflejos, ante cambios de carril repentinos (sin poner intermitente, por supuesto), paradas no menos repentinas (sin poner intermitente, por supuesto) y demás maniobras características suyas. Luego son los que no te permiten el más mínimo fallo, si estás buscando aparcamiento en una calle estrecha y tienes detrás un taxista, échate a temblar. Empezará a darte luces, a hacer sonar su claxon para que aceleres. En definitiva, una bendición.
Y bueno, qué decir de los conductores de los coches grandes, tipo BMW, Mercedes o similares. Esos que se creen que la calle es suya, y que por el mero hecho de llevar un vehículo de más de diez millones debes cederles el paso en cualquier momento y circunstancia. Ya relaté mi accidente de hace unos meses, por culpa de un BMW. Más concretamente, del que lo llevaba.
Y luego estamos los que nos pensamos que conducimos bien y que seguro que al final cometemos más errores que nadie, que es común eso de ver la paja (con perdón) en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Tiemblo al pensar en el día en que llegue el carnet por puntos.