
Corría el minuto 75 del partido que en el estadio de La Romareda enfrentaba a los equipos del Zaragoza y el Barcelona. Desde el fondo sobre el que atacaba el equipo catalán se lanzaron gritos o insultos racistas cuyo destinatario no era otro que el camerunés Samuel Eto'o. Hasta aquí todo parece normal, o por lo menos, común a cualquier partido. Pero el jugador dijo que así no jugaba y se encaminó hacia la banda, con el propósito de abandonar el terreno de juego y el partido. Compañeros, jugadores del Zaragoza y el propio árbitro, trataron de convencerle de que siguiera jugando sin darle mayor importancia a esos gritos. Ronaldinho le dijo que tenían que demostrar que el fútbol es algo mucho más bonito que cuatro gritos. Finalmente el camerunés accedió, y volvió al terreno de juego, ante la bronca del público zaragocista.
¿Tan graves fueron esos gritos? En el fútbol, como en casi todos los aspectos de la vida, la gente suele seguir la máxima maquiavélica de que el fin justifica los medios, y que si hay algo en su mano para poder lograr los éxitos deseados, lo hará. Por eso se escuchan insultos racistas, porque desde los medios de comunicación nos están recordando constantemente lo tremendamente racista que es llamarle negro a un negro (lo políticamente correcto es llamarle "de color") y en el mucho daño que ello le puede hacer al jugador que es, ante todo, una persona. ¿Qué debe pensar al respecto el estonio Valery Karpin cuando en Riazor le desearon la muerte? ¿Qué debía pensar el madridista Míchel cuando en todos los campos le llamaban "maricón"? ¿Qué debe pensar Fernando Torres cuando en todos los campos el insulto más suave que recibe es el de "niñato"? ¿Qué pensará al respecto Pablo Alfaro cuando en todos los campos le tildan de asesino? Sé que alguno pensará que en este caso es cierto lo que le dice el público a Alfaro, pero ¿acaso es menos cierto que Eto'o es negro?
La fiebre de lo políticamente correcto que nos invade nos lleva a grandes incongruencias, como multar más gravemente un insulto racista que el lanzamiento de un petardo que pasa cerca del portero del equipo rival. Quizás, si ese portero hubiera sido negro....